EL ATLETA AL QUE LAS PISTAS SE LE QUEDARON PEQUEÑAS

‘Please, please, for Spanish Television!!!’ gritaba el reportero mientras llegaba corriendo a un recóndito lugar del mundo, guiado por las nerviosas instrucciones que una pareja le enviaba desde un plató televisivo situado en Madrid. La voz era tan inconfundible cómo el poblado bigote de aquel explorador que llenaba la pantalla con su sola presencia. No podías menos que escucharle y fijarte en todo lo que hacía y decía. Porque cada vez que Miguel De la Quadra-Salcedo se asomaba a nuestros hogares, hablándonos a través del televisor desde cualquier remoto paraje, era inevitable prestar atención, fueran los que fuesen el tema o su localización. Su carisma era tan arrollador cómo su vitalidad y ambos te arrastraban a sitios y aventuras con las que tal vez soñabas pero, muy probablemente, nunca ibas a llevar a cabo.

Imágenes de Miguel De la Quadra-Salcedo en ‘A la caza del tesoro’ de RTVE

Y aunque aquel tan ambicioso cómo, a la postre, bastante fallido concurso televisivo de principios de los ochenta, titulado ‘A la Caza del Tesoro’, a cuyo desarrollo me refiero en el arranque de este texto, no resulte, ni de lejos, el más memorable de los muchísimos proyectos en los que se embarcó (y, en su caso, ¡nunca mejor dicho lo de embarcarse!) durante su larga trayectoria, me viene de inmediato a la memoria al recordarlo. Y es así porque, a mi entender, representa a la perfección lo que para muchos de nosotros fue Quadra-Salcedo: nuestros ojos y nuestra presencia en lugares a los que nos hubiera gustado ir y que, seguramente, nunca llegaremos a pisar. Y, más aun, el protagonista de la vida de aventuras que nunca nos atrevimos siquiera a tratar de vivir. Por miedo, por pereza, por preferir la comodidad de nuestro mundo occidental o por mil más de esas excusas que todos nos solemos poner cuando nos enfrentamos al hecho de no haber vivido cómo en realidad hubiésemos deseado. En cierto modo, la mayoría de nosotros somos cómo aquellas parejas de concursantes, experimentando a través de Miguel una aventura ficticia, tomando prestados unos instantes de la vida del auténtico aventurero para, sin peligro alguno eso sí, tratar de, al menos, imaginar lo que se siente cuando decides dejarlo todo atrás y vivir cómo él hizo: siguiendo tu instinto y tu verdadera vocación, persiguiendo tus sueños sin importar lo que haya que abandonar para alcanzarlos ni los riesgos que habrá que afrontar en el camino.

Un camino que, en su caso, empezó con el deporte… o, en realidad, mucho antes, cuando de pequeño leía con avidez libros de aventuras con antiguos relatos griegos y disfrutaba emulando al discóbolo en una playa del norte bañada por las aguas del Cantábrico. Ahí, en ese chaval que lanzaba lo más lejos que podía un disco de madera mientras miraba, con su imaginación, más allá del horizonte, se mezclaban ya el deportista y el explorador que sería unos años más tarde. Y, de hecho, el primero acabaría llevando al segundo poco menos que sin solución de continuidad, encadenándose las dos facetas con naturalidad para que Miguel pasase de buscar records en las pistas a explorar lo que había mucho más allá de sus confines. Al fin y al cabo, en ambos casos se trataba de superar los límites, de llegar a dónde pocos o ninguno habían llegado antes.

El Miguel atleta rompió esos límites, en forma de plusmarcas, una y otra vez, convirtiéndose en la década de los años 50 en la máxima figura de los lanzamientos en el entonces incipiente atletismo español. Nada menos que catorce records de España y nueve títulos de Campeón nacional, repartidos entre las modalidades de disco, martillo y peso, logró aquel fornido navarro nacido en Madrid que dominaba las tres especialidades, hasta el punto de vencer en todas ellas en los campeonatos de España celebrados el año 1956 en las pistas del Cristo, en Oviedo. Una hazaña impensable e imposible hoy en día, en estos tiempos de máxima especialización, que lo convierte por si misma en una referencia histórica clave de nuestro atletismo.

Pero, curiosamente, la mayor fama atlética le llegó a Quadra-Salcedo en el único lanzamiento del que nunca fue campeón: el de jabalina. Ese mismo año de sus tres títulos nacionales en peso, disco y martillo, Miguel asombró al mundo unos meses después, en París, dando a conocer un inédito estilo para lanzar el dardo que dejó entre sorprendidos y aterrorizados a rivales, jueces y federativos internacionales. Se trataba de lo que se denominaría ‘estilo español’, una forma de manejar la jabalina totalmente diferente a la habitual, que permitía enviarla a más distancia. El sistema se basaba en un deporte rural vasco, el lanzamiento de barra metálica practicado por los ‘palankaris’ de las minas. Un reto que consistía en ver quien de ellos conseguía lanzar más lejos la palanca de metal que usaban en su trabajo para golpear las piedras que contenían el mineral. Y resulta que lo más eficaz para ello era situarla tras la espalda a la vez que el lanzador tomaba impuso con tres rápidos giros antes de dejarla deslizarse por su mano.

Quadra-Salcedo aprendió esa forma de lanzar, aplicada a la jabalina, del veterano campeón vasco Felix Erausquin, que fue el primero en probar la nueva técnica con espectaculares resultados. Impulsada por le energía generada en esos veloces volteos del cuerpo, la jabalina salía disparada a toda velocidad, describiendo un acusado arco antes de caer a distancias muy superiores a las que se alcanzaban con el estilo convencional. De hecho, Erausquin, ya con 48 años de edad por aquel entonces, superó en más de diez metros el vigente record de España en uno de sus primeros intentos con el nuevo sistema. Y poco después se quedó a apenas una veintena de centímetros del tope mundial, establecido por el polaco Janusz Sidlo aquel mismo año en 83,66 metros.

Imágenes del NODO con Miguel De la Quadra-Salcedo lanzando la jabalina al estilo español

Miguel no había llegado tan lejos en su primera demostración en suelo francés, dónde ganó con un lanzamiento por encima de los 65 metros. Pero en posteriores exhibiciones del ‘estilo español’ realizadas en nuestro país ya estuvo también en marcas a la altura del record del mundo. Mientras tanto, la nueva forma de manejar la jabalina empezaba a ser puesta en práctica también por atletas de otros países, registrándose lanzamientos superiores a los 90 metros. Se trataba, sin duda, de una auténtica revolución, producida, además, en pleno año olímpico, ya que a finales de aquel 1956 se iban a disputar, en Melbourne, los Juegos de verano, aunque en esta ocasión se tratase del austral, en fechas casi invernales para el hemisferio norte. Unos Juegos para los que Quadra-Salcedo se había clasificado gracias a sus registros en disco y que, con su cada vez mayor dominio del revolucionario estilo de lanzamiento, se presentaban además cómo una ocasión ideal para luchar por las medallas en la prueba de jabalina.

Sin embargo, el sueño Olímpico del joven atleta navarro se vería truncado por partida doble. Para empezar, porque la federación internacional, preocupada por las distancias que se empezaban a alcanzar con el estilo español, que amenazaban con dejar pequeños los estadios, con el añadido de la peligrosidad para los espectadores que suponía el vuelo de la jabalina siguiendo una trayectoria parabólica lateral que, en caso de no ser bien controlada, la podía hacer caer en las tribunas, decidía prohibir los giros previos al lanzamiento. Una normativa que aplicaba, además, con efectos retroactivos, anulando todas las marcas logradas en los meses anteriores mediante el uso de la técnica dada a conocer por Quadra-Salcedo en París. Y aunque Erausquin y sus pupilos desarrollaban otra variante, sin giros pero con la jabalina impulsada igualmente desde detrás de la espalda, que también permitía distancias muy notables y de nivel mundial, una nueva modificación de las normas, también retroactiva, acababa para siempre con la innovación nacida en las minas vascas al obligar a que el artefacto estuviese siempre por encima del hombro durante la fase de lanzamiento. La posibilidad de que los españoles diesen la sorpresa en Melbourne se esfumaba. Una posibilidad que, de todas formas, la política habría acabado por impedir igualmente, ya que la entrada de los tanques soviética en Hungría desembocó en un boicot de los países occidentales al que, finalmente, sólo se adhirieron tres… pero uno de ellos fue España, una de las tres naciones europeas, junto a Suiza y Holanda, que decidieron no enviar deportistas a los Juegos celebrados en Australia.

Miguel De La Quadra-Salcedo, un atleta fuera de serie (Entrevista en ETB sobre su época de atleta)

Cuatro años después, Miguel si pudo cumplir con su sueño de ser Olímpico. Además, participando en la prueba que le fascinó desde niño, el lanzamiento de disco, y en un lugar de reminiscencias tan clásicas cómo Roma, sede en 1960 de los siguientes Juegos. Lo de menos fue que no lograse pasar de la ronda de clasificación, el deportista empezaba ya a dejar paso al aventurero. Porque una auténtica aventura fue su viaje a la ciudad eterna, a lomos de una Vespa, todo un símbolo de ese afán suyo por integrarse en el ambiente y la cultura de los lugares a visitar que se convertiría en su seña de identidad. Después de competir en Roma, los atletas del equipo español partieron hacia Chile para tomar parte en los Juegos Panamericanos… y una vez concluida la competición retornaron a España siendo uno menos. El discóbolo que, además de atleta, había sido jugador de rugby, combatiente de lucha libre y hasta tripulante de bobsleigh, se quedó en el país sudamericano y dejó definitivamente atrás su faceta de deportista, que apenas asomaría en los años siguientes para aplicarla al tiro de arpones en su periplo embarcado en un ballenero o para asombrar a los aborígenes del Amazonas con su habilidad tirando las lanzas más lejos y con más precisión que ellos. Igual que el revolucionario estilo de lanzamiento con el que asombró al mundo amenazaba con dejar pequeñas todas las pistas, haciendo volar la jabalina fuera de las mismas, su destino estaba más allá de los límites de cualquier estadio.

Documental Crónicas: De la Quadra Salcedo El reportero que quisimos ser

Entonces empezó a surgir, cada vez con más claridad, la imagen del Quadra-Salcedo que la mayoría tenemos en la memoria. La imagen del reportero contándonos desde dentro la cruda verdad de las guerras y las catástrofes, metido de lleno en esa peligrosa zona que años después un sucesor suyo en la tarea definiría cómo ‘Territorio Comanche’. La imagen del explorador que se adentra en selvas remotas y convive con sus habitantes. La imagen del guía que dirige por lugares remotos a jóvenes y no tan jóvenes de todo el mundo, tratando de explicarles lo que él ha vivido y de imbuirles su espíritu. Y, fuese en las diferentes ediciones de ‘su’ Ruta92 o del Camel Trophy, siempre con esa voz y ese bigote inconfundibles sobre un rostro de mirada limpia y directa, con la vista puesta en el horizonte y la mente en la siguiente aventura.

Miguel Calvo y Carlos Beltrán explicando en que consiste el proyecto de homenaje a Miguel De la Quadra-Salcedo

Así me gusta recordarlo y así lo podremos recordar todos, a través de un monumento erigido en su memoria en plenas pistas de la Ciudad Universitaria, si sale adelante el proyecto puesto en marcha por un grupo de entusiastas a los que une su pasión por el atletismo y su admiración por la figura de Miguel De la Quadra-Salcedo y todo lo que representa. Cuando escribo estas líneas su esfuerzo está cerca de llegar al límite impuesto por la plataforma de crowfunding a través de la cual están recogiendo las aportaciones de todos los que quieran unirse para convertir su idea en realidad. Su lema es ‘un granito de arena para alguien que nos enseñó el mundo’. Y ya que aquel viejo disco de madera, con el que empezó todo en una playa del norte, acabó perdiéndose, enterrado bajo la arena, sería realmente apropiado que ahora, gracias a muchos granitos de otro tipo de arena surgiese, cómo salen de la tierra los Moais de la Isla de Pascua que tanto le gustaban a Miguel, esa escultura con su efigie dirigiendo la mirada precisamente hacía aquel remoto lugar del Pacífico. ¡Ojalá sea posible!

MÁS INFORMACIÓN:

ESCULTURA MIGUEL DE LA QUADRA SALCEDO - Web del proyecto de homenaje a Miguel De la Quadra-Salcedo

EL INTERMINABLE VIAJE A ÍTACA - Entrevista de Miguel Calvo a Miguel De la Quadra-Salcedo publicada en la revista Atletismo Español

HISTORIAL DEPORTIVO DE MIGUEL DE LA QUADRA-SALCEDO – Recopilación de resultados y marcas, por José María García - AEEA

CUANDO DE LA QUADRA-SALCEDO 'BATIÓ' EL RÉCORD DEL MUNDO EN JABALINA - Artículo en la sección de deportes de El Mundo

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