¡COVA! ¡¡COOVAA!! ¡¡¡COOOVAAA!!!

En el verano de 1982 toda Italia, con Sandro Pertini, su veterano presidente, a la cabeza, cantó a voz en grito los goles de Paolo Rossi, Marco Tardelli y Alessandro Altobelli que llevaron a la ‘squadra azurra’ al título en la final del mundial de fútbol celebrado en España. Un año después, en el verano del 83, otro Paolo Rosi, este con una sola ese, era quien llenaba los hogares italianos con sus gritos de ‘¡Cova! ¡¡Cova!! ¡¡¡Cova!!! ¡¡¡¡Cova!!!!… ¡¡¡¡¡Covaaaa!!!!!’ que acompañaban, a través de la televisión, los últimos instantes de otra final muy diferente: la de los 10000 metros en los mundiales de atletismo que tenían lugar en Helsinki. Cómo si con cada repetición del apellido recibiese un empujón extra de energía, Alberto Cova avanzaba centímetro a centímetro camino de un título mundial casi tan inesperado cómo el que un año antes había conseguido aquel sorprendente equipo capitaneado por el veterano Dino Zoff.

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Alberto Cova desató la locura del comentarista de la RAI con su victoria al sprint en el mundial de Helsinki en 1983

Bien es verdad que el atleta italiano, recién terminados sus estudios de contabilidad, llegaba a aquellos primeros campeonatos del mundo de atletismo cómo vigente campeón de Europa en la distancia más larga de las que se celebran en la pista del estadio. Pero su triunfo del año anterior, en el europeo celebrado en Atenas, había sido bastante inesperado, fruto de una carrera muy táctica. Una prueba que durante buena parte de su desarrollo nos había resultado una especia de ‘deja vu’ a los que nos aficionamos al atletismo a principios de los 70 viendo cómo un español, bajito, de pelo muy negro y tez muy morena, se dejaba la piel marcando el ritmo para tratar de despegarse, sin conseguirlo, de un finlandés, altísimo, rubio y pálido que, inevitablemente, le acababa superando en los metros decisivos para lograr la victoria. Así había ocurrido en aquella inolvidable final del 10000 en los Juegos Olímpicos de Munich, con nuestro Mariano Haro empeñándose, con tozudez castellana, en el imposible que era dejar atrás al poco menos que imbatible Lasse Viren.

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Lasse Viren camino de la victoria en los 10000 de los Juegos Olímpicos de Munich en 1972 tras superar a Mariano Haro

Diez años después, en el europeo del 82, el papel del ibérico de corta estatura, pelo ocurro y piel curtida por el sol lo interpretaba con igual abnegación el portugués Carlos Lopes. Y el del espigado y rubio finlandés era para Martti Vainio, que le seguía con la misma aparente facilidad. Pero esta vez, pegados al pequeño luso de camiseta blanca corrían otros dos atletas vestidos con elástica azul. Uno era el alemán oriental Werner Schildhauer, un corredor casi tan alto y de final realmente explosivo. Y el otro era el italiano Alberto Cova, algo así cómo la mezcla perfecta entre el pequeño ibérico y el gigante nórdico. Un latino de elegante porte, cabello moreno, cuidado bigote y elevada estatura, con larga zancada y poderoso sprint.

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Carlos Lopes lideró hasta muy cerca del final el 10000 del europeo de Atenas en el 1982

Al toque de campana, Lopes seguía imperturbable en cabeza pero Vainio surgía amenazador, rebasando por el exterior a Schildhauer y Cova. A falta de doscientos metros, el finlandés aceleraba, alargando aun más su amplio paso, y superaba con claridad al portugués, que veía impotente cómo el italiano y el alemán también le rebasaban, condenándolo a igual destino que Mariano Haro diez años antes, la cruel cuarta posición después de haber ido en cabeza hasta muy cerca del final. Lo que no se repetía, en cambio, era la nacionalidad del ganador. Vainio entraba aun en cabeza en la recta final, pero entonces surgían por su derecha, cómo auténticos rayos, Cova y Schildhauer. El germano sprintaba por la calle 3, el italiano le replicaba por la 2 y ambos cubrían los metros finales en paralelo a un ritmo frenético, cómo si en sus piernas no llevasen ya casi diez kilómetros de carrera. Finalmente, el italiano cruzaba la meta apenas un metro por delante, brazos en alto, y se proclamaba campeón de Europa con un crono ligeramente por encima de los veintisiete minutos y cuarenta y un segundos, a casi veinte segundos de las mejores marcas de la distancia.

ÚLTIMOS MOMENTOS DE LA FINAL DE 10000 EN LOS EUROPEOS DE ATENAS DE 1982

Por ello, al año siguiente, en el estreno de los Campeonatos del Mundo de Atletismo, en Helsinki, Cova, aun siendo uno de los obvios candidatos a luchar por las primeras posiciones, no era ni mucho menos el máximo favorito. Al fin y al cabo, Vainio corría en casa, y, además, habría que tener muy en cuenta a los africanos y los estadounidenses. De los primeros, llegaban a la final el tanzano Shahanga, que venía de ganar unos meses antes el 10000 en los Juegos de la Commonwealth, y dos etíopes, Mohamed Kedir (vigente campeón mundial de cross y bronce en los Juegos de Moscú, haciendo poco menos que de lugarteniente del legendario Miruts Yifter) y Bekele Debele (un junior del que hablaban maravillas quienes le habían visto correr). De los segundos había un trío en el que destacaba con fuerza Alberto Salazar, ganador de la maratón de Nueva York y recordman norteamericano de la distancia con un muy respetable 27:25 logrado el año anterior en Oslo. Y, por supuesto, también eran de la partida el subcampeón europeo en Atenas, Schildhauer, decidido a vengarse de Cova, y su compatriota de la Alemania Oriental, el no menos fuerte y rápido Hansjörg Kunze, un joven atleta que había saltado al primer plano internacional un par de años antes, batiendo al gran Henri Rono en el 5000 de Rieti a la vez que establecía el record de Europa de los cinco kilómetros con un magnífico 13:10.40. El germano occidental Christoph Herle, los británicos Nick Rose y Steve Jones, y el trío ibérico compuesto por el español Antonio Prieto y los portugueses Carlos Lopes y Fernando Mamede, completaban, con el mexicano José Gómez, la nómina de 17 atletas que tomaban finalmente la salida de una carrera que desde el primer momento era extremadamente táctica… es decir, ¡lenta, muy lenta!

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Alberto Cova en el centro justo antes de tomar la salida de la final de 10000 en el mundial de Helsinki de 1983

Las vueltas pasaban con prácticamente todos los participantes agrupados y sin que ninguno de ellos se decidiese a marcar un ritmo lo suficientemente fuerte cómo para realizar una mínima selección. De hecho, a falta de dos giros, tras más de nueve kilómetros de cansino ‘rodar’, aun eran trece los que corrían juntos, poco menos que apelotonados al estilo de los ciclistas en una de esas largas etapas de llano en las que nadie se escapa porque todos saben que el triunfo se va a decidir al sprint. Eso sí, en esa docena ya no estaban ni Salazar ni McChesney, uno de sus dos compañeros del Team USA, que se habían quedado descolgados junto con el portugués Mamede y el mexicano Gomez. Pero el resto ahí seguían todos, con el etiope Kedir al frente y el tercer yanqui, Nemow, empezando a perder contacto cuando se acercaba el toque de campana.

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El grupo se mantuvo compacto hasta el toque de campana final

Entonces, más o menos dónde había empezado a sprintar en Atenas, pero esta vez una vuelta antes, Schildhauer lanzaba un fuerte tirón que pillaba algo desprevenido al resto de integrantes del numeroso grupo, cerrado ahora por nuestro Antonio Prieto. El ataque del alemán del este era respondido por el otro germano oriental, Kunze, al que se trataban de pegar el ídolo local, Vainio, el tanzano Shananga y el italiano Cova. El resto no podían seguir el ritmo y quedaban ya totalmente descartados pero aun había cinco para luchar por las tres medallas en juego. Y, además, uno de ellos, el primero en moverse, Schildhauer, llevaba unos metros de ventaja que no iban a ser fáciles de recortar. De hecho, la distancia apenas si se reducía en la recta de contrameta, y sólo empezaba a disminuir cuando se entraba en la última curva. Kunze se empezaba a echar encima de su compatriota para alcanzarlo finalmente cuando ya se encaraba la recta final. Y, a su estela, al más puro estilo de una ‘volata’ ciclista, llegaban los otros tres, cada uno abriéndose un poco más hacia la derecha a la vez que se acercaba al que le precedía. Lo que apenas unos metros antes era un quinteto en fila india se iba convirtiendo, cómo a cámara lenta, en un frente de cinco atletas de rostros crispados por el esfuerzo y mirada fija en la cada vez más cercana línea de meta: Schildahauer pegado a la cuerda de la pista, Kunze a su lado, Vainio por la calle dos, Shananga por la tres y Cova por la cuatro.

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Kunze por delante de Shananga y Cova

El tanzano era el primero en ceder, iba a terminar quinto. El finés era el siguiente que claudicaba, concluiría cuarto para decepción del entendido y entusiasta público que llenaba el estadio de Helsinki. Pero el primero y el segundo, los dos alemanes, seguían codo con codo peleando por una victoria que, después de todo, no iba a ser para ninguno de los dos. A su derecha surgía el italiano, cómo empujado por los gritos del telecronista de RAI Sport, que repetía su apellido hasta siete veces, en un frenético ‘crescendo’ de tintes operísticos… ¡Cova!, ¡Cova!, ¡¡Cova!!, ¡¡Cova!!, ¡¡¡Cova!!!, ¡¡¡¡Covaaa!!!!, ¡¡¡¡¡Covaaaaa!!!!!

FINAL DE LOS 10000 DEL MUNDIAL DE HELSINKI 1983

Explicada por Alberto Cova con las imágenes de la carrera narrada en directo por Paolo Rosi

El alto y elegante atleta nacido en la provincia de Como lo había vuelto a hacer. Alberto Cova entraba de nuevo el primero, brazos en alto, para proclamarse esta vez campeón del mundo. Un triunfo al estilo del conseguido por la ‘squadra azurra’ futbolística un año antes, viniendo desde atrás, sorprendiendo al contraataque con la velocidad de los Rossi, Tardelli y compañía. Una victoria lograda, además, en una ‘volata’ poco menos que multitudinaria para una prueba del 10000, casi más propia de una de aquellas etapas del Giro o del Tour ciclista de la década anterior, en las que otro italiano, Francesco Moser, acostumbraba también a surgir cómo una flecha en los últimos metros para ser el primero en cruzar la meta.

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La final del 10000 en los Juegos de Los Ángeles se corrió a ritmo lento en su primera mitad

Un año después, en 1984, el ya campeón europeo y mundial si que partía como gran favorito en la final del 10000 de los Juegos Olímpicos de Los Ángeles. El boicot de los países del este impedía la participación de los Alemanes Orientales, lo que dejaba a Cova sin dos de sus máximos rivales, y el contingente africano y estadounidense en la prueba del 10000 era de mucho menor nivel que en el mundial. De los protagonistas de entonces, el tanzano Shananga no llegaba a la final, tras caer eliminado en la serie que ganaba Cova, mientras quien sí la alcanzaba Vainio. El finlandés, ante la ausencia del resto y tras su derrota en Helsinki, pasaba a tener el papel de principal outsider del italiano por mucho que también fuese de la partida el portugués Mamede, que había batido el record mundial de la distancia unas semanas antes.

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La segunda mitad de la carrera de Los Ángeles fue un mano a mano entre Vainio y Cova...

Pero la legendaria fragilidad del luso en las grandes citas volvía a quedar pronto de manifiesto cuando apenas si completaba la mitad de la prueba, que tampoco es que se realizase a un ritmo especialmente rápido. Entonces, el británico McLeod decidía avivarlo y, poco después, Vainio salía en su busca, con Cova pegado a él cómo una lapa. Pronto el finés y el italiano daban cuenta del británico y se escapaban con claridad en cabeza, configurándose entonces una carrera totalmente diferente a las dos anteriores finales en las que se habían enfrentado. Si en la primera, la del europeo de Atenas, los dos habían surgido al final, después de haber dejado a Lopes marcar el ritmo, y en la del mundial de Helsinki, habían ido en grupo hasta el postrero ataque de Schildhauer, esta vez la prueba se convertía en un duelo directo entre ambos. Un mano a mano, con Vainio siempre delante, seguido con aparente facilidad por Cova, que iba a durar más de cuatro mil metros para acabar decidiéndose en los últimos doscientos. Al entrar en la última curva, el italiano ‘subía una marcha’ y rebasaba por el exterior al nórdico, que no hacía siquiera ademán de intentar seguirle, consciente de que no tenía respuesta para el fortísimo ataque de su rival.

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... hasta que el italiano atacó a falta de 200 metros y llegó destacado a la meta

La recta final era esta vez muy diferente para Cova, sin la agonía de las dos furiosas ‘volatas’ de Atenas y Helsinki. En esta ocasión, siguiendo con el símil ciclista, más que un sprint masivo se trataba de la típica fuga de dos en la que uno hace el gasto y el otro sabe que le basta con su poderoso final para lograr la victoria. Lo que no cambiaba era el modo en que Cova cruzaba la meta, brazos en alto, cabeza hacia atrás, mirada al cielo. El contable de la región de Como añadía otro oro a la columna del ‘haber’ en su libro de cuentas. Y no era un oro cualquiera si no, probablemente, el más preciado de todos... ¡el oro olímpico!

FINAL DE LOS 10000 METROS EN LOS JUEGOS OLÍMPICOS DE LOS ÁNGELES 1984

Dos años más tarde, en el siguiente campeonato de Europa, celebrado el 1986 en Stuttgart, el ganador en la final del 10000 era de nuevo un atleta enfundado en la camiseta azul de Italia que ganaba al sprint en los últimos metros y cruzaba la meta con los brazos en alto y la mirada al cielo. Pero no se trataba de Cova, que era segundo, batido en su propio terreno por Stefano Mei, un joven compatriota que encabezaba un fantástico triplete italiano, con Salvatore Antibo en tercera posición. Una auténtica ‘scuadra azzurra’ del atletismo que triunfaba en un año en el que la de fútbol fracasaba estrepitosamente, en México, en su intento de revalidar el título logrado en España en aquel verano del 82 en el que Cova había ganado su primer título internacional. El relevo en la cúspide del atletismo italiano se había producido deprisa y la nueva generación traería más éxitos. Unos triunfos que, en cambio, tardarían una veintena de años en volver a lograr los futbolistas de la selección italiana.

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Stefano Mei ganó a Cova con su mismo estilo en el europeo de Stutgart del 1986

MÁS INFORMACIÓN:

ALBERTO COVA, LEGGENDA DEI 10.000 METRI – artículo de Nicola Pucci sobre Alberto Cova

IL “RAGIONIERE” ITALIANO CHE SALÌ SUL TETTO DEL MONDO! – artículo de Giampaolo Allocco sobre Alberto Cova

"Ero il re del mezzofondo ma oggi mi batte anche Linus"– entrevista de Alessandro Dell'Orto a Alberto Cova

La sfida del ragionier Cova: oggi corro (per amore) la maratona– entrevista de Riccardo Bruno a Alberto Cova el pasado mes de abril con motivo de su retorno para correr una maratón

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